Opinión: La gestión de los recortes en la administración pública

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El día que convocamos la reunión familiar en casa para comentar el estado de la situación económica doméstica y acordar un plan de ajustes, desplegué el proyector y mi socorrida pizarra en el salón de la casa. Pude apreciar alguna media sonrisa pero seguí adelante, seguro de que tenía la situación controlada.

Se expusieron con detalle los gastos y los ingresos mensuales familiares previstos, y observé que no todas mis previsiones eran acertadas y las modificamos. En ese momento empecé a aprender que sólo el hecho de compartir realmente todo eso, producía ya el mejor de los efectos posibles: el sentido de la responsabilidad y que nos embarcábamos un proyecto o un objetivo común en el que todos estábamos implicados y debíamos funcionar como un equipo.

A medida que se avanzaba la “reunión” observaba cómo las aportaciones de la familia era más interesantes que las líneas de ajuste o ahorro que traía preparadas, incluso algunas muy innovadoras y prácticas, especialmente las  que aportaban los jóvenes de la casa. Incluso se produjeron unos interesantes debates cuando alguien proponía un supuesto ahorro (eliminar el coste del servicio de películas de pago) y otros pensaban que eso podía producir un aumento de gasto real (ya que tendríamos más salidas al cine, lo que implicaría mucho más gasto). Al final se acordó reducir el número de salidas familiares al cine, pero mantener la posibilidad de seguir comprando películas  y así poder seguir disfrutando del cine (en casa), que lo valoramos mucho.

Incluso para nuestro pesar, hubo que limitar aspectos que son importantes para todos, como los viajes de placer, por ejemplo. Éstos quedaron vinculados a obtener ingresos familiares extras: desarrollar actividades de formación extras los adultos, que los jóvenes acudan más habitualmente al mercado de segunda mano para vender cosas que no utilizamos, que éstos hagan algunos trabajos de “canguro” o similar, etc.

Tuvimos oportunidad de debatir también sobre la posibilidad de reducir determinados gastos que (aunque pudieran parecer prescindibles) finalmente coincidimos que no era oportuno hacerlo por sus efectos sobre el medio y largo plazo, aunque el debate sirvió para redefinirlos o reordenarlos. Es el caso de la formación extra en idiomas de nuestros hijos (“pan para hoy hambre para mañana“).

La verdad es que cambiaron muchas cosas sobre el plan que yo había previsto inicialmente, y la verdad es que estamos contentos con el resultado y se están produciendo avances interesantes. Y creemos que eso es así porque fue bien descrito y analizado por todos, porque todos aportarmos nuestras opiniones, porque se trataron de consensuar, porque no se establecieron “sin pensar” los recortes y porque tuvimos en cuenta el medio y el largo plazo para los temas importantes de la familia. Y estamos orgullosos (y además terminamos sin tirarnos los trastos a la cabeza, que ya es bastante).

Disculpad este alegato personal y familiar, pero todo ello lleva a preguntarme: ante esta situación de crisis que vivimos, ¿qué estáns haciendo las administraciones públicas con sus planes de recortes?

  • Estan hablando de aumentar o promover los ingresos o sólo hablan de recortes?
  • Comparten realmente el conocimiento de la complicada situación con todos los que debería: directivos, mandos intermedios, trabajadores, proveedores e incluso con los ciudadanos (clientes)?.
  • Están escuchando las interesante ideas de ahorro y optimización que pueden provenir de todos los anteriores, especialmente de los que conocen cada ámbito concreto de la administración?
  • Existen canales reales y efectivos (mediante las nuevas tecnologías y la organización) para facilitar esa participación?
  • Se tienen en cuenta el medio y el largo plazo para decidir los recortes?
  • Son eficaces medidas de recorte lineales o directamente proporcionales (a todos por igual) en todas las áreas o partidas?
  • Es consciente de que un aumento de gasto en alguna partida puede ser necesario y suponer un ahorro en el cómputo general?
  • Es consciente de que un recorte en una partida de gastos puede producir inevitablemente un efecto sobre otros ingresos previstos y reducirlos más aún?

Es cierto que en una administación no es fácil realizar todo esto. Pero no es imposible. Y éste es nuestro reto de este tiempo.

Apliquemos a nuestra administación lo que aplicamos a nuestras familias y negocios, y con los mismos criterios. En estos últimos nos estamos jugando nuestro dinero y eso afina el ingenio. Pero realmente, con la administración pública, también nos estamos jugando nuestros cuartos. Por eso creo que no nos iría mal.

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