Premios a la calidad o excelencia en administraciones públicas?

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Estamos inmersos en un debate el grupo de LinkedIn Excelencia en la Gestión que trata sobre ¿Qué aportan los premios a la excelencia a las Administraciones Públicas?, propuesto por Manuel Francisco Rodríguez.

 Les decía a mis compañeros que comparto con ellos la importancia de los premios de excelencia a las administraciones, pero les trasladaba una preocupación.

Siguiendo un símil que planteaba en el debate Raquel Millán, si esto es un deporte y las administraciones son los atletas, lo que ocurre es que no es una competición “homogeneizada” o global. Las reglas no son las mismas. Unos premios ponen el acento en EFQM y sus puntos, otros se centran en la valoración más cualitativa por comisiones o tribunales (muy autorizados generalmente), etc.
Pienso que lo ideal (en el futuro) es que que todas las administraciones nos comparáramos (sin tenernos que presentar) a unas reglas e indicadores comunes. Todos podríamos saber cómo estamos en los ámbitos que nos interesan. Ya hay experiencias por ahí que conocemos (en transparencia por ejemplo http://www.transparencia.org.es/), aunque con resultados y seguimiento todavía relativos.

Y lo más importante: los ciudadanos sabrán como está/n su/s administración/es (a la/s que le paga sus impuestos) en relación a las demás. Pero lo sabrán de verdad, no sólo por lo que le digan sus responsables políticos o técnicos o determinados medios de comunicación. Se basarían en números (midiéndose todos con la misma vara).

Y eso suena “peligroso” y arriesgado, pero es muy sano para nuestra convaleciente administración.

 

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